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¿QUÉ NÚMERO ES JESÚS?

¿QUÉ NÚMERO ES JESÚS?

balanzaMientras recorría Jesús toda Galilea, predicando el Evangelio del Reino, tuvo frente a sí, fundamentalmente, dos tipos de respuestas, al llamar a algunos a seguirle. Miremos esta Escritura de Lucas 9:59-62: 
 
Y dijo a otro: Sígueme. Él le dijo: Señor, déjame que primero vaya y entierre a mi padre. Jesús le dijo: Deja que los muertos entierren a sus muertos; y tú ve, y anuncia el reino de Dios.Entonces también dijo otro: Te seguiré, Señor; pero déjame que me despida primero de los que están en mi casa. 62 Y Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios.
El llamado de Jesús, a estas dos personas a seguirle, incluía que Él debía ser su Modelo de carácter (1 Jn. 2:6), el Maestro exclusivo de la vida y del santo ministerio (Mt. 23:8), el Precursor al Hogar Celestial (He. 6:20). 
En estas dos contestaciones humanas al llamado divino, encontramos dos características especiales: Primero, que los llamados, no rechazaron definitivamente la posibilidad de ser algún día sus seguidores. Segundo, que no estaban dispuestos para seguirlo en el mismo instante en que estaban siendo invitados. ¿La excusa para no seguir a Jesús inmediatamente? Deberes para con la familia, que eran considerados más apremiantes que Cristo mismo y Su obra. Lo sabemos por la incidencia doble de la palabra  primero  en el texto: “Déjame que  primero  vaya y entierre a mi padre”; “… déjame que me despida  primero  de los que están en mi casa”.
De las respuestas de Cristo a ellos, podemos extraer algunas lecciones respecto al discipulado cristiano:
1.    Jesús no estaba llamando a ninguno de los dos, a desatender definitivamente su familia. Pero sí estaba dejando claro que los lazos consanguíneos, no deben ser de tal primacía, que se conviertan en un impedimento cuando se trata de seguir a  Dios. Jesús es el Alfa y la Omega, el primero y el último (Ap. 1:11). A partir de él, es que se debe hacer la lista de otras prioridades, comenzando a anotarlas a partir del número 2, porque el número 1 de nuestras preferencias, debe estar ocupado, debe ser precisamente Él.
2.    Jesús los estaba llamando a los dos, a anunciar el reino de Dios, a poner “la mano en el arado”. Nuestros familiares que no siguen a Cristo, necesitan oír de nuestra boca, el mensaje del reino de Dios, para que resuciten de la muerte espiritual, y entonces, vivan eternamente con él. Esto es nuestro deber más sagrado para con ellos, si los amamos de verdad.
3.    Jesús hace saber aquí, que no solo están muertos los que pierden la vida física, sino, en peor muerte aun, los que no le han aceptado a él como su Salvador y Señor. Si inconversos, físicamente vivos, entierran a otros familiares que han partido de este mundo sin Cristo, entonces, los muertos están enterrando a sus muertos. Jesús está enseñando, que si alguien parte de este mundo, sin haber sido Su discípulo, no hay nada que se pueda hacer luego a favor de esa alma; tal persona se ha perdido eternamente. Por tanto, decidir no seguir a Cristo hasta darle sepultura al cuerpo vacío, de uno que perdió su alma, es algo que tiene el justo reproche del Señor. 
4.    Seguir a Cristo entraña una mirada permanente en el Camino de la fe. Cuando las prioridades entre nuestros familiares y Cristo no han sido bien establecidas, somos tentados a postergar la obra de Dios. Cristo identifica esta acción, como la de uno que “mira hacia atrás”. Y dijo del tal, que “no es apto para el reino de Dios”. “Acordaos de la mujer de Lot” (Lc. 17:32; Cf. Gn. 19:26).
 
Hablando de prioridades entre lo eterno y las cosas de este mundo, Cristo dice: “Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mt. 6:33). Dijo también: “Y cualquiera que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por mi nombre, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna” (Mt. 19:29). Por tanto, sigamos amando a nuestros familiares inconversos, y orando constantemente por la salvación de sus preciosas almas. Mas no olvidemos que el primer favor espiritual que le hemos de hacer, es seguir nosotros primero a Jesús en el Camino.
 
Amados, sigamos el ejemplo de aquellos a quienes Jesús llamó, y de inmediato, lo dejaron todo por servirle. Simón Pedro, y Andrés, su hermano, cuando Jesús les dijo: “Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres… dejando al instante las redes, le siguieron”. Igualmente, Jacobo, y Juan, su hermano. Cuando el Señor los llamó, “… dejando al instante la barca y a su padre, le siguieron” (Ver Mt. 4:18-22).
 
Nos falta responder esta pregunta: ¿Qué número es Jesús en nuestra vida? Si Jesús ya es verdaderamente el primero en nuestro corazón, y servirle, se ha convertido en la primera prioridad de nuestras acciones, entonces, nos ha sido revelado qué es el verdadero Discipulado. ¡Que se cumpla en nosotros esta promesa condicionada al creer en el Señor Jesucristo: “… serás salvo, tú y tu casa”! (Hch. 16:31).
 
Cual pequeño vocero del Maestro,
 
Vuestro servidor,
 
Pst. Eliseo Rodríguez
Iglesia E. Monte de Sion.
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