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QUÉ TENGO SI SOY SUSCEPTIBLE

QUÉ TENGO SI SOY SUSCEPTIBLE

Una persona de carácter susceptible es aquella que se ofende fácilmente y que toma a mal las cosas con rapidez, es alguien que se hiere con facilidad. Esta debilidad hace sentir a los que rodean a un susceptible, cierto distanciamiento para con él, para así evitar decir alguna palabra que le pudiera hacer sentir incómodo. A la vez, el susceptible es inepto para llegar al triunfo porque el mundo donde vivimos está lleno de obstáculos qué vencer y de personas de disímiles formas de carácter con las cuales tenemos que relacionarnos. En las congregaciones hay también niños espirituales, quienes aún tienen necesidad de leche y no de alimento sólido (He 5:12). No nos referimos solamente a recién convertidos. Pueden ser hermanos que llevan tanto tiempo en la casa de Dios, pero a quienes no les ha aprovechado el oír la Palabra, por falta de fe al escucharla. Todavía son bebés en cuanto al conocimiento (He 4:2).
Lo que va a ayudar a esos hermanos a ser libres de ese infantilismo, no va a ser llevarlos a un lugar donde alguien los libere reprendiendo ciertos espíritus. A los cristianos no se les libera echándole fuera ciertos demonios, porque si ya han recibido a Cristo, entonces, no pueden estar endemoniados. Lo que Cristo enseñó sobre la forma de liberar a los que ya lo hayan recibido a él, es esto: Y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres (Jn 8:32)Lo que necesita un creyente susceptible, es conocimiento. Un creyente que fácilmente se hiere, que toma las cosas en tono personal para mal, que tuerce el propósito con el que alguna palabra o acción fue realizada, necesita conocer la causa real por la que su corazón se hiere con facilidad. Luego debe tomar la solución que la Palabra de Dios ofrece para ello. A la identificación y a la cura de la susceptibilidad hemos dedicado este Eco Pastoral. Acompáñeme.
En la armadura de Dios (Efesios 6:10-17), encontramos toda la protección que el Señor proporciona al soldado de la fe. Una de estas armas es la coraza de justicia (v. 14 b)La coraza tiene la función de proteger el corazón. Físicamente se usaba sobre el tórax del soldado, y así su corazón era protegido de los dardos enemigos. Espiritualmente la corazatiene el propósito de proteger el corazón del creyente para que no sea herido con facilidad. Así que, si un cristiano viste su coraza de justicia, no será fácil herirle interiormente. Si tiene su coraza, su corazón estará blindado aun contra las palabras ásperas que son como golpes de espada (Prov 12:18). Cristo y sus más fieles discípulos usaban este atuendo invisible de la fe. El Señor, cuando le maldecían, no se hirió contra sus ofensores, no respondía con maldición, sino encomendaba la causa al que juzga rectamente (1 P 2:23). Desde la cruz, sin que el vituperio le pudiera hacer resentirse, pidió al Padre que perdonara a sus matadores (Lc 23:34). Esteban no fue lastimado internamente por los que le apedreaban. Su corazón tenía esta coraza. Mientras lo herían físicamente, él se arrodilló y con corazón sano le pidió al Señor que no tomara en cuenta a sus enemigos aquel pecado (Hch 7:60).
La coraza que se nos ordena usar se llama la coraza de justicia. La justicia que otorga la fe en Cristo, se traduce en una manera justa de andar en él, y ese estilo de vida, se constituye en una protección segura para el fuero interno de nuestro ser. Cuando nuestros pies andan por caminos derechos, nuestra sensibilidad emocional está protegida por esa justicia. Pero cuando nos permitimos algunos procederes injustos, el corazón pierde el blindaje de la justicia y queda vulnerable a los dardos externos que se envían contra nosotros. Son dardos de pensamientos mentirosos a ese corazón desnudo de justicia, por ejemplo, palabras que le hagan sentir no amado por los demás, despreciado por todos, y muchas palabras secretas de excesiva auto consideración.
Caín y Jonás nos sirven de ejemplos, para poner esta crisis en perspectiva. El primero, se enojó contra su hermano Abel a tal manera, que lo invitó ir con él al campo y allí lo mató. Caín estaba herido contra Dios y contra su hermano. ¿Por qué estaba herido Caín? Porque sus obras eran malas y las de su hermano justas. O sea, porque a él le faltaba la coraza de justicia, le faltaba un andar en justicia y obviamente su corazón estaba al descubierto para que la amargura lo hiriera. Abel, el justo, está en el paraíso de Dios. A Caín, dudamos verlo en el cielo, si no hubo arrepentimiento en su corazón (Ver Gn 4:3-15; 1 Jn 3:12). Igualmente, Jonás estaba tan enojado con Dios, que cuando el Señor le preguntó: ¿Haces tú bien en enojarte tanto? Él le respondió: Mucho me enojo, hasta la muerte. O, en otras palabras, estaré enojado toda la vida. ¿Por qué estaba herido Jonás? Él había andado en caminos torcidos en cuanto a la voluntad de Dios. Cuando Dios lo mandó a Nínive, éste hizo un acto de desafuero que le quitó la coraza de justicia de su corazón. Se fue rumbo a Tarsis para huir de la presencia de Dios. Aunque luego el Señor lo pasó por un proceso de corrección muy difícil, cuando por fin fue a Nínive a cumplir la encomienda divina, ya fue en inconformidad con una posible misericordia de Dios con la ciudad. La historia de Jonás termina exactamente como él la profirió. La última referencia de él en su libro, es que quedó enojado con Dios por haber perdonado a aquella gran ciudad cuando esta se arrepintió en polvo y ceniza ante el juicio del Omnipotente (Ver libro de Jonás).
Mis amados, si la justicia de Dios no está ceñida a nuestros corazones, debido a ello, funcionamos como niños quejumbrosos, que requieren todavía tratos exclusivos dentro de la casa de Dios. Pero si la coraza de la justicia de Cristo imputada a nosotros, está sujeta a nuestra alma y a nuestro espíritu, estaremos en camino a la madurez. Cuando somos maduros en la fe, podemos ser exhortados por Dios y por sus siervos, sin que esto cause el más mínimo malestar dentro del corazón y hasta nos pueden ofender, sin que se produzcan laceraciones en nuestra vida interior. Permita Dios que podamos cambiar la pregunta que titula este Boletín, y hacernos esta interrogante: ¿Qué tengo que ya no soy susceptible? Y que podamos responder con gozo: ¡Vivo por fe en la justicia de Cristo y ando en su temor, por eso, mi corazón se siente sano! Es tiempo de dejar de ser niños en Cristo y despertar a la realidad de que Cristo nos necesita maduros en la fe, para llenar al mundo de su bendito Evangelio de amor.
Junto a vosotros en la justicia de Cristo,
Vuestro servidor,
Pst. Eliseo Rodríguez.
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