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QUEDA AÚN MUCHA TIERRA POR CONQUISTAR

QUEDA AÚN MUCHA TIERRA POR CONQUISTAR

En el Eco Pastoral anterior hablé acerca de cuán lejos nos lleva la Gran Comisión del Maestro. El Señor nos dejó la encomienda de ir por todo el mundo y predicar el Evangelio a toda criatura (Mr 16:15). Cada creyente coopera con esta misión cuando ora por los que van, cuando ayuda financieramente a los que van y cuando va con los que van. Pero, la obra encomendada no termina con llegar hasta lo último de la tierra. Nosotros hemos tenido el privilegio no merecido de poner nuestros pies en lugares muy distantes con la encomienda de llevar el pan de vida a los que tienen hambre espiritual. Pero mientras más lejos llegamos geográficamente con la Palabra de la cruz, vemos una necesidad de Dios que se extiende mucho más allá de nosotros. Esta situación nos recuerda las palabras de Dios a Josué cuando ya Israel había puesto sus pies en la Canaán prometida: Tú eres ya viejo, de edad avanzada, y queda aún mucha tierra por poseer (Josué 13:1). Apenas habían entrado y tomado algunas ciudades, pero todavía debían continuar conquistando toda la herencia de la promesa. Era necesario preparar a los que continuarían la obra que estaba por delante. De esta visión divina aprenderemos estas verdades:
 
Primero, la agenda misionera de Dios acopla perfectamente con su visión sobre la necesidad que tienen las almas. Alguien que observara las grandes multitudes que seguían a Jesús pudiera haber tenido una perspectiva solamente sobre la grandeza ministerial del Señor. Otro observador podría haber mirado desde el lente matemático para calcular cuantas personas habría el día que había cinco mil hombres sin contar las mujeres y los niños. Pero Jesús, al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor (Mateo 9:36). Esta percepción del Maestro es aplicable a cada persona que no le conoce como Salvador. Sabemos que esa necesidad es universal, porque él encargó a sus discípulos el llevar su Evangelio hasta lo último de la tierra. Si las Buenas Nuevas debían ser anunciadas en todo el mundo es porque la necesidad de las almas se halla en todo lugar del planeta. La labor del misionero que es enviado a un lugar apenas comienza cuando entiende claramente la verdadera necesidad de las almas. Entones sabrá ¡cuánta tierra le queda por conquistar!
 
Segundo, una gran visión por la carencia en las gentes nos llevará a brindar gratuitamente lo único que sacia su necesidad. Cristo dejó claro que el desamparo y la dispersión de las ovejas era la consecuencia de no tener pastor. Debido a la identidad de Cristo como el Buen Pastor, en él las multitudes hallaron amparo espiritual y un aprisco seguro. Cuando llegamos a los confines de la tierra para hacer la Obra, nuestro deber primero no es brindarles algo, sino brindarles alguien. Jesús debe ser nuestro mensaje central porque en él las multitudes tienen resueltas todas sus necesidades más importantes. Quien tenga una visión borrosa respecto a esta verdad se puede sentir complacido solamente con el alcance que la televisión cristiana está teniendo en el mundo. Pero sólo nos debiéramos sentir complacidos si fuera Cristo el que estuviese siendo anunciado desde las grandes plataformas digitales, televisivas, radiales y congregaciones del mundo. Si el por ciento mayor de mensajes que se predican hoy en todo el mundo tuviesen la cruz de Cristo como su centro, entonces no estaríamos en el peor tiempo de la apostasía final profetizada en las sagradas Escrituras (Ver 2 Ts 2:7; 1 Ti 4:1-3; 2 Ti 3:1-8). Pero debido a la cercanía de la venida del Señor y al contexto anunciado en que ocurrirá ese evento glorioso, la cruz de Cristo no es el mensaje más popular de nuestros días. Por tanto, debemos imitar el proceder de Pablo en Corinto. Él se centró en el mensaje del Evangelio de tal modo que no se hiciera vana la cruz de Cristo (1 Co 1:17). Cuando tenemos visión amplia de Jesús como el buen pastor que da su vida por las ovejas (Jn 10:11), ya no le brindaremos a las multitudes desamparadas y dispersas ningún otro mensaje que el de Cristo, y este crucificado. Al ver todavía hoy las multitudes necesitadas del Pastor, tenemos que admitir ¡cuánta tierra queda aún por conquistar!
 
En tercer lugar, es muy curioso que la mayoría de las amonestaciones de Pablo en contra de la apostasía y de lo deficiente en cuanto a doctrina, aparece en las Epístolas de las tres TTimoteo, 2 Timoteo, Tito. Esas son parte de las últimas cartas que el apóstol Pablo escribió antes de ir al hogar celestial. Pablo era ya anciano, sabía que el tiempo de su partida estaba cercano (2 Ti 4:6). Así que, quería dejar un legado de doctrina que asegurara la continuidad de la Verdad en medio de una iglesia amenazada por la apostasía. Él fue inspirado por el Espíritu Santo para decirles a Timoteo y Tito, pastores en Éfeso y Creta respectivamente, cómo podían combatir el error a través de la exposición clara de la Verdad. Por eso, nuestros ojos ven más allá de un mundo perdido que necesita oír la voz del Salvador llamando al arrepentimiento. Nuestra mirada tiene un alcance más allá aún de llamar a la iglesia a la consagración. Nuestra visión alcanza hasta ver cuánto faltaría por conquistar en los corazones de los ministros cristianos. Necesitamos decirle al que está en el obispado: Predica la Palabra… con toda paciencia y doctrina (2 Ti 4:2)Con la frase, la Palabra, Pablo hace referencia a toda la Escritura y, en particular, a la palabra de la cruz. Si el púlpito cristiano llegara a estar sano, o sea, si Cristo se convirtiera en el tema central de la predicación de hoy, ello no va a quitar realmente la apostasía de la tierra, pero sí va a impedir que ella entre en las congregaciones donde Cristo es anhelado como el conocimiento más excelente (Ver Fil 3:8). ¡El Señor busca todavía hombres verdaderamente comprometidos con su llamado!  ¡Hay tanto de Cristo en las sagradas Escrituras que nunca podrá el ministro agotar la fuente de su mensaje ni el resultado maravilloso de su exposición!
 
Amados, la visión del Maestro va mucho más allá de llevarnos a las naciones, es mucho más grande que la ofrenda misionera que damos, requiere mucho más que orar pasivamente por las almas. El Señor necesita ministros fieles a la comisión que el cielo les ha dado, de proclamar a Jesucristo como Salvador y Señor. Aquel que adquirió la iglesia con su propia sangre derramada en la cruz, necesita que el púlpito cristiano se sature de un mensaje centrado en el Buen Pastor que da su vida por las ovejas. Entonces, vamos a poder ministrar a las multitudes aquello que sacia verdaderamente su necesidad de amparo y comunión.
 
¡Queda aún mucha tierra por conquistar!
 
Con vosotros en la conquista,
 
Pst. Eliseo Rodríguez
Iglesia Monte de Sion
Christian Zion University
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