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SI CALLAS EN ESTE TIEMPO…

SI CALLAS EN ESTE TIEMPO…

Todavía mantengo vivo el recuerdo de estas palabras. Era la expresión cumbre de una gloriosa Convención de jóvenes a la que asistí en mi adolescencia. Sucedió en el verano de 1984, en la ciudad de Holguín. Basado en el libro de Ester, se usaron las palabras que le dijo Mardoqueo a su prima: “Quien sabe si para esta hora has llegado al reino”. Estaba escrito en la pared de fondo, este lema: “Para esta hora”. Predicadores ungidos nos animaron a entender que hay momentos en la historia, cuando los siervos de Dios no se pueden callar. Su hablar valiente puede detener una ola masiva de exterminio de la verdad; puede frenar un intento maligno por devorar todo lo que tenga que ver con la justicia.
 
Ester, su primo Mardoqueo, y muchos otros judíos habían sido llevados de Israel a aquellas tierras extranjeras. De súbito, esta bella joven llega a ser la sustituta de la reina Vasti, y colocada como esposa del rey Asuero. Un malvado hombre en el palacio, llamado Amán, trama la destrucción de los judíos que vivían en aquel reino, movido por el enojo contra Mardoqueo, quien no se arrodillaba ante él, como hacían los demás servidores de la corte real. Con astucia Amán logró que el rey firmara un edicto para destruir a los judíos. Pero Mardoqueo sabía que sobre su prima Ester, pesaba ahora una responsabilidad mediadora, para salvar a su pueblo, teniendo en cuenta la eminencia de la posición donde Dios le había permitido llegar. Así que le dijo: “… si callas absolutamente en este tiempo, respiro y liberación vendrá de alguna otra parte para los judíos; mas tú y la casa de tu padre pereceréis. ¿Y quién sabe si para esta hora has llegado al reino?”.
Ester cargó valientemente con el desafío.  Después de mandar a los judíos a ayunar tres días por ella, y con ella y sus doncellas, entonces dijo: “Entraré a ver al rey… y si perezco, que perezca” (Ester 4:16). Después del ayuno, entró a la presencia del rey a hablar por la vida de su pueblo. Por su osadía de fe, la forma inicial del edicto fue revocada, y Dios obró salvación. Por no callarse en aquel tiempo malo, su pueblo fue salvado de la destrucción, y los enemigos fueron gravemente heridos y mermados (Ver Libro de Ester).
Hoy, el mundo parece sentenciar de muerte la verdad. La proliferación de la inmoralidad es tan grande, que no es difícil escuchar voces amoldadas al pecado. Igual  como armoniza lo cóncavo y lo convexo, parece que la sociedad se fuera acoplando al desatino de los que no tienen en cuenta los requerimientos divinos. Pero, ¿También los siervos de Dios tomarán la postura de callar? Dios se lamentaría si en un tiempo como este, sus siervos dijeran con tibieza, “hay que ser prudentes”, sacando de contexto este pasaje: “El prudente en tal tiempo calla, porque el tiempo es malo” (Am. 5:13).
La malévola gestión de tratar de callar el clamor, y de intentar silenciar la verdad, no es nueva. Cuando Bartimeo estaba clamando a Jesús, gestionando la misericordia divina sobre su incapacidad visual, “… muchos le reprendían para que callase” (Mr. 10:48). Cuando en la entrada triunfal de Cristo a Jerusalén, “toda la multitud de los discípulos, gozándose, comenzó a alabar a Dios a grandes voces… diciendo: !!Bendito el rey que viene en el nombre del Señor… ”, esto fue lo que sucedió:  “Entonces algunos de los fariseos de entre la multitud le dijeron: Maestro, reprende a tus discípulos” (Ver 19:37-39). Al principio de la iglesia, los líderes religiosos judíos acordaron decir a los apóstoles: “… no hablen de aquí en adelante a hombre alguno en este nombre” (Hch. 4:17).
La verdad es tan poderosa, que el padre de mentira, Satanás, la teme. Por tanto, él quisiera que los voceros de esa verdad, enmudeciesen. Es que la verdad es divina. Cristo es su personificación absoluta. Él dijo: “Yo soy… la verdad… ” (Jn. 14:6). La verdad liberta: “Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Jn. 8:32). La verdad es invencible: “Nada podemos contra verdad… ” (2 Co. 13:8). Pablo celaba tanto esa verdad, que testificó de su resistencia férrea a los enemigos de ella: “… a los cuales ni por un momento accedimos a someternos, para que la verdad del evangelio, permaneciese con vosotros” (Gl. 2:4-5).
Por tanto, la Biblia nos amonesta a no callar en los tiempos cuando la verdad está amenazada. Aunque si callamos, Dios usará a otros que la proclamen, los que callan la verdad por temor, se pierden el trofeo que Dios otorga a aquellos para quienes la verdad tiene más valía, que su propia vida (Ver Hch. 21:13). Los que callan la verdad por temor, se privan del inmenso honor de colaborar con el Espíritu de Verdad. Él fue enviado para guiarnos a toda verdad (Ver Jn. 14:17; 16:13).
Se lo dijo Mardoqueo a su prima, reina en Susa: “Si callas… respiro y liberación vendrá de alguna otra parte… ”. Lo dijo Cristo a aquellos que le recomendaban reprender a los que lo proclamaban como el Hijo de David: “… si estos callaran, las piedras clamarían” (Lc. 19:40). El Señor mismo le dijo a Pablo, en Corinto, en un tiempo de gran persecución: “No temas, sino habla y no calles” (Hch. 18:9).
Ahora, bien, concluyo con esta recomendación a los voceros valientes de la Verdad: No es necesario ofender a las personas para hablarles la verdad. La ofensa carece de poder convincente para producir arrepentimiento y convertir un corazón a Jesús. La ofensa, no fue el estilo de Cristo al proclamar la Palabra. Él estaba “… lleno de gracia y de verdad” (Jn. 1:14). Así que se necesita la gracia, para administrar con eficacia la verdad. Además, Pablo recomendaba seguir la verdad en amor (Ver Ef. 4:15). Debemos sentir tal compasión por los que andan alienados del Camino, que con la autoridad que da el amor, le ministremos la verdad que está en Jesús (Ver Ef. 4:21).
Amado consiervo en la viña de Cristo, por favor,  ¡ no calles en este tiempo !
Discerniendo que estamos aquí para esta hora,
Vuestro en Cristo,
Pst. Eliseo Rodriguez.
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