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SIERVOS POR GRATITUD

SIERVOS POR GRATITUD

Cuando mi padre, el Rev. Pedro Manuel Rodríguez era un adolescente, viviendo en las montañas de Baracoa, en el Oriente cubano, no había acceso fácil a la educación secular. Así que a sus quince años, no sabía aun leer. Pero unos misioneros llevaron el mensaje de Jesucristo a aquellos barrios, y en una noche de campaña, mi padre aceptó al Señor Jesús como su Salvador, y recibió de los Evangelistas, un Nuevo Testamento y un Himnario. Diariamente cuando llegaba del trabajo, abría las páginas de la Palabra de Dios, y oraba diciendo con fe: “Señor, si tú me enseñas a leer, yo te voy a servir”. El día decimoquinto, al terminar su repetida plegaria, inmediatamente su mente recibió una iluminación sobrenatural para entender las letras, y salió de su cuarto leyendo su Nuevo Testamento.

Solo unos días después, sintió que era tiempo de comenzar a cumplir su promesa a Dios. Agradecido por el milagro que había experimentado, pidió a un amigo, le prestase su secadero de café, para dar un culto a Dios. En su primera gestión como siervo por gratitud, muchos del vecindario, atónitos, oyeron por boca de aquel incipiente ministro, que solo Jesucristo podía dar salvación al pecador. A partir de ese día, y porque luego el Señor confirmó su santa vocación, por más de 50 años, en forma ininterrumpida, mi padre ha sido un fiel obrero del Señor. Luego, unió su vida en matrimonio, con una de las mujeres más dulces que la tierra haya conocido, Nelda Luz Matos. Juntos han pastoreado con éxito, varias iglesias durante esa prestigiosa trayectoria ministerial. La estela de bendiciones que ellos han significado para miles, es verdaderamente inenarrable. Pero una de las más loables, es que de esa unión, Dios les concedió siete hijos, todos cristianos, y de alguna manera, todos involucrados en el Santo Ministerio. Cinco de esos hijos, somos pastores a tiempo completo. Como legado al cuerpo ministerial, mi padre escribió recientemente un libro titulado: “Impactante Historia Ministerial (en Poesía)”, relatando en versos rimados, su trascendente vida personal y ministerial.

Por toda la tierra se escucha el llamado de Dios, invitando a hombres y mujeres a servirle. Cristo habló de la necesidad de siervos: “La mies a la verdad es mucha, mas los obreros pocos; rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies” (Lc. 10:2). Es tan urgente la necesidad, que si esos siervos no fuesen provistos, los sembrados se pueden perder. Jesús dijo a sus discípulos: “Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega” (Jn. 4:35). En la Biblia encontramos una gran lista de aquellos a quienes el Señor llamó para cumplir Sus propósitos, y respondieron positivamente a Su voz. Algunos tenían temor, pero como lo expresó Jeremías: “Me sedujiste, oh Jehová, y fui seducido, más fuerte fuiste que yo y me venciste” (Jer. 20:7), finalmente ellos también entraron a trabajar en Sus labores.

Mas, hay un tipo singular de siervos, a quienes Dios no le hizo un llamado personalizado, pero aun así, dedicaron su vida a servirle, motivados por la gratitud. La gratitud es la virtud de los agradecidos. Estos pertenecen a un gremio de suma dignidad, porque tienen en estima los bienes que de gracia han recibido.

Naamán, general de Ejército del rey de Siria, recibió del Dios de Israel, el milagro de ser limpio de su lepra. Esta experiencia marcó su vida de tal manera, que le dijo al profeta Eliseo: “… de aquí en adelante tu siervo no sacrificará holocausto ni ofrecerá sacrificio a otros dioses, sino a Jehová” (Ver 2 R. 5). Fue la gratitud lo que le hizo tomar esta digna postura de fe.

Igualmente, la labor de compartir el Evangelio, no tendrá jamás una fuerza inspiradora que supere a esta, la gratitud. Cristo encomendó a sus discípulos el Evangelio, y les enseñó, que lo debían dar de gracia, porque de gracia también lo habían recibido (Ver Mt. 10:8). De gratis Dios nos ha hecho herederos del cielo. Eso debe ser suficiente fuente de inspiración, para dedicar la vida a la causa del Cristo Salvador. La Palabra dice: “Así que recibiendo nosotros un reino inconmovible, tengamos gratitud, y mediante ella, sirvamos a Dios, agradándole con temor y reverencia… ” (He. 12:28). Cada creyente, está incluido en el deber de servir al Señor, pues todos hemos sido participantes de ese Reino que permanece para siempre. Por eso Pablo decía ser deudor a todos, respecto a la entrega del Evangelio (Ver Ro. 1:14).

Amados, todavía se escucha el Eco de la voz de Dios: “¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros?” (Isa. 6:8). La disposición a ir, no debe ser solo de aquellos, a quienes Dios directamente llama por su nombre. Debe ser también, como en Isaías, un decidido “Heme Aquí”, por parte de quienes hemos sido alcanzados por el indescriptible beneficio de Su gracia. Es bendito ser comisionado personalmente para la Obra del ministerio, pero es también sumamente precioso, ser

Siervos por Gratitud

Recordando los beneficios del Señor, y anhelando ser Su servidor agradecido,

Pst. Eliseo Rodríguez
Iglesia Monte de Sion.

¡HAGAMOS NUESTRO, ESTE FIN DE SEMANA, EL GOZO DEL SALMISTA AL DECIR:
“YO ME ALEGRÉ CON LOS QUE ME DECÍAN, A LA CASA DE JEHOVÁ IREMOS” (Sal. 122:1).

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