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SOL Y ESCUDO A TU FAVOR

SOL Y ESCUDO A TU FAVOR

Cada ser humano está sometido a una guerra espiritual, de la que muchos no saben defenderse.  Pero el Salmista dijo: “… sol y escudo es Jehová Dios… ” (Sal. 84:11).
 
El Salmo 84 es una composición que exalta la bendición de estar en la casa del Señor, en su presencia. Al estar allí, este adorador tiene junto a sí, el lugar Santo, y más allá, el lugar Santísimo. La santidad que se percibe, la contrasta al decir: “Escogería antes estar a la puerta de la casa de mi Dios, que habitar en las moradas de maldad” (v. 10). El ambiente de pureza que le rodea es de tal magnitud, que su alma evoca estos conceptos: “Bienaventurado aquel… en cuyo corazón están tus caminos” (v. 5 b), y después, “No quitará el bien a los que andan en integridad” (v. 11 c). 
 
En este Himno, la cercanía con Dios es exaltada como una virtud necesaria del soldado de la fe:
 
1.    Las moradas de Dios, son amables para el Salmista (v. 1).
2.    Él anhela y desea ardientemente estar cerca de Dios (v. 2 a).
3.    Él canta al Señor desde la profundidad de su corazón (v.2 b).
4.    El Señor es su Rey y su Dios (v. 3).
5.    Sabe que Dios puede escuchar su oración (v. 8).
6.    Suplica porque los ojos del Creador miren a su rostro mientras ora (v. 9).
7.    Reconoce que Dios es su Sol y su Escudo (v. 11).
 
Mas, ¿qué relación pudiera tener la comunión con Dios y la integridad de sus siervos, con un sol y un escudo? En realidad, los ataques más severos del Enemigo, son contra quienes tienen una pasión por la santidad de Dios. David en su camino al trono, aparece como el hombre conforme al corazón de Dios (Ver 1 S. 13:14). Pero los dardos en su contra vinieron de todas direcciones. Aunque ni los dientes peligrosos de las fieras en Belén, ni la lanza de Saúl, ni la espada feroz de Goliat lo pudieron herir,  un dardo lanzado contra su integridad, lo trajo al piso herido. De ello sufrió por muchos años, recogiendo consecuencias irreversibles con sumo dolor (Ver 2 S. 11 – 12). La causa de su caída, fue una serie de descuidos respecto a Dios, un deslizarse de los preceptos divinos escritos en la Ley, para un rey de Israel (Ver Dt. 17:14-20). Casi todos los requerimientos prescritos en la cita anterior, habían sido descuidados, además, de una mezcla de ociosidad momentánea con insensibilidad espiritual prolongada. Todo esto, en un período muy sensible, cuando Israel libraba peligrosas batallas contra los Enemigos.
 
Amados, Satanás odia la santidad, las sanas disposiciones del corazón, los propósitos puros de un Daniel (Ver Dn. 1:8), odia la obediencia de los Recabitas de Jeremías 35. En la Biblia, la maldad se relaciona con la oscuridad. Por eso dice de los paganos: “De día tropiezan con tinieblas, y a mediodía andan a tientas como de noche” (Job. 5:14). “El camino de los impíos es como la oscuridad; no saben en qué tropiezan” (Prov. 4:19). Los cristianos también atravesamos valles oscuros, pero son de “sombra de muerte” que Dios permite, para probar nuestra confianza en él (Ver Sal. 23:4). Mas aun allí, el creyente puede decir: “Jehová mi Dios, alumbrará mis tinieblas” (Sal. 18:28).
 
Ahora, cuando uno está en santidad, está en la luz (Ver 1 Jn. 1:6-7). “Sol y escudo es Jehová Dios”. “Luz está sembrada para el justo… ” (Sal. 97:11). Cuando estamos en la luz de la santidad de Dios, el enemigo ataca, pero discernimos claramente, prevemos las asechanzas del diablo (Ver Ef. 6:11), velamos (Mt. 26:41). Esta es la razón, por la cual, cuando el Salmista dijo que Dios encendería su lámpara, inmediatamente expresó: “Contigo desbarataré ejércitos, y con mi Dios asaltaré muros” (Sal. 18:29). Sí, cuando se vive en la pureza de Dios, el Enemigo va a atacar, pero suceden estas cosas a nuestro favor:
1.    Dios es nuestro Sol, y nos ayuda a detectar los ataques del Adversario (Ver Mal. 4:2).
2.    El Señor mismo es Escudo alrededor nuestro (Sal. 3:3).
3.    Ese Sol que nos alumbra, mantiene a la vez al Enemigo en tinieblas como hizo entre el Ejército de Faraón  y Su pueblo redimido: “Y era nube y tinieblas para aquéllos, y alumbraba a Israel de noche” (Ex. 14:20). 
 
Cuando aceptamos que Dios sea nuestro Sol y nuestro Escudo, así se describe nuestro caminar victorioso: “Irán de poder en poder, verán a Dios en Sion” (Sal. 84:7). De los héroes de la fe nos llega este testimonio: “Se hicieron fuertes en batallas” (He. 11:34). Es cierto entonces: “Bienaventurado el hombre que tiene en ti sus fuerzas” (v. 5).
 
Esta petición plural debemos hacer diariamente al Señor: “Envía tu luz y tu verdad, estas me guiarán… ” (Sal. 43:3). “No nos metas en tentación, mas líbranos del mal… ” (Mt. 6:13), “para que no diga mi enemigo: lo vencí” (Sal. 13:4). Es tan severo el ataque a la comunión con Dios y a la pureza que resulta de ella,  que “… hubiera yo desmayado, si no creyese que veré la bondad de Jehová en la tierra de los vivientes” (Sal. 27:13). Mas, ciertamente, el Sol de Justicia nos alumbrará a tal manera, y su Presencia cual Escudo nos rodeará de tal forma, que podremos cantar: “En Dios haremos proezas, y él hollará a nuestros enemigos” (Sal. 60:12). ¡Que este sea el lema victorioso de aquellos para quienes Dios es
 
Sol y Escudo a su favor.
 
En Su refulgente Refugio,
 
 
Pst. Eliseo Rodríguez
Iglesia Monte de Sion
Miami, Fl. USA.
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