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Te Ví

Te ví

“Antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi” (Ver Jn. 1:43- 51).
 
El ver de Dios, trasciende el entendimiento sobre lo que realmente es para nosotros ver. No siempre que nosotros vemos, sabemos. Pero siempre que Dios ve, sabe. Natanael se quedó sorprendido de que Cristo calificara su vida en forma tan incisiva. Este fue el calificativo de Jesús sobre él: “He aquí un verdadero Israelita, en quien no hay engaño”. Sorprendido Natanael, hace la pregunta racional: ¿De donde me conoces? Y Jesús le responde: “Antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la Higuera, te vi”. De la manera cómo Jesús “ve” a Natanael, aprendemos algunas lecciones interesantes sobre el escudriñar de Su mirada. He aquí algunas de ellas:
 
1.    La mirada de Jesús trasciende a cualquier distancia. Natanael estaba lejos físicamente de Jesús antes de ser traído a Él por Felipe. Pero Jesús le hace saber que su mirar divino lo había captado a la distancia. Con esto concuerda el Sal. 139:7-10.
2.    La mirada de Jesús trasciende a la información que pudiera brindar la apariencia. Jesús conoció a Natanael y supo quién era realmente, aun antes de que hubiese entre ambos alguna interacción de la vista física, para saber si acaso Natanael parecería ser un verdadero Israelita. Pero Jesús lo sabía, sin basar su informe en la apariencia. David fue elegido por Dios, antes que Samuel lo hubiese conocido personalmente (Ver 1 S. 16:1-13).
3.    La mirada de Jesús trasciende al diseño que Dios ha hecho de la vista humana. “El hombre mira lo que está delante de sus ojos”. Pero los ojos del Señor tienen la capacidad de mirar fuera y escudriñar dentro. Él “mira el corazón” (Ver 1 S. 16:7). Por eso, cuando miró a Natanael, Jesús escudriñó hasta lo más profundo, el corazón de aquel judío.
4.    La mirada de Jesús trasciende a la información natural que ofrecen las palabras ignorantes de un hombre sincero. Natanael había puesto en tela de juicio la correspondencia entre la buena identidad de Jesús y la mala reputación de su ciudad de procedencia: “¿De Nazaret puede salir algo de bueno?” (Jn. 1:46). Entonces Felipe le invitó que viniera a ver. Pero Jesús calificó la identidad sincera de Natanael, aun sobrepasando la ignorancia que mostraba su pregunta sobre la identidad del Hijo de Dios. 
5.    La mirada de Jesús procura entregar a la persona a quien Él mira, una información clara sobre Su carácter divino. Fue cuando Natanael se acercaba que Jesús dijo de él: “He aquí un verdadero Israelita, en quien no hay engaño” (Jn. 1:47). El testimonio del pre conocimiento de Jesús sobre él, hizo a Natanael confesar: “Rabí, tú eres el Hijo de Dios; tú eres el Rey de Israel” (v. 49). 
6.    La mirada de Jesús ve más allá del presente de aquel a quien él mira. A aquel Israelita piadoso, Jesús le dijo: “Cosas mayores que estas verás” (v. 50). Cuando Jesús nos encuentra, su mirada penetra en nuestro futuro, porque él tiene la capacidad de mirar desde la eternidad. A Moisés, el Señor le dijo: “Será cosa tremenda la que yo haré contigo” (Ex. 34:10). Dios no mira nuestro presente para determinar nuestro futuro. Él tiene el poder de hacer de nosotros mañana, lo que ni siquiera hemos imaginado hoy. Él aun, puede llamar las cosas que no son como si fuesen (Ver Ro. 4:17).
7.    La mirada de Jesús alumbra a tal manera, que abre a la vez los ojos del objeto de su atención. En verdad, la invitación de Felipe se cumplió en Natanael, más allá de las expectativas de ambos. Felipe le dijo: “Ven y ve”. Cuando el invitado vino a Jesús, el propio Señor señala dos veces que Natanael vería. Primero le dijo: “Cosas mayores que estas veras”, y luego le dijo a todos, incluyéndolo a él: “De aquí adelante veréis el cielo abierto, y a los ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del Hombre”. Debemos orar con el Salmista: “Abre mis ojos y miraré las maravillas de tu Ley” (Sal. 119:18).
 
Amados, “los ojos del Señor están sobre los justos… ” (1 P. 3:12). “Sus ojos ven, sus párpados examinan a los hijos de los hombres” (Sal. 11:4). Quizás nuestra mirada dentro de nosotros mismos, nos tienda a auto descalificar para lo que Dios quiere hacer a través de nosotros. Pero permitamos a Jesús, mirarnos escrutadoramente, y entregarnos su veredicto sobre nuestra verdadera aptitud para servir a Dios. Muchos tienen de sí tan pobre concepto que le han dicho a Dios, cual Moisés, “Ay, Señor! envía, te ruego, por medio del que debes enviar” (Ex. 4:13). Pero ellos mismos podrían llegar a ser aquellos a quienes Cristo mira con el anhelo de usarlos para Su gloria. Es que Dios no nos usa basado en nuestras fortalezas o dotes naturales; lo que usa es un corazón sincero. Por eso, hoy te dice incisivamente: 
 
TE VÍ
 
Ante esa mirada profunda del que tiene ojos como llama de fuego (Ap. 1:14),
 
Vuestro en Él,
 
Pst. Eliseo Rodríguez
Iglesia E. Monte de Sion.
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