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¡TEN UNA BUENA ACTITUD AHORA!

¡TEN UNA BUENA ACTITUD AHORA!

Solo una nota este fin de semana para aliento y fortaleza del Cuerpo de Cristo, que es Su Iglesia.

Como hijos de Dios, necesitamos experimentar lo que antecede al consuelo, la tristeza. Necesitamos ser testigos de lo que precede al aliento, el desaliento. Necesitamos haber pasado por el valle de sombra de muerte para experimentar el cumplimiento en nosotros de aquella aseveración del Salmista: “Tú estarás conmigo”.
Sí, estas tribulaciones se cumplen en nuestros hermanos en todo el mundo”. Pero asi como abundan en nosotros las aflicciones de Cristo, también abunda por el mismo Cristo nuestra consolación.

El que se levanta es aquel que primero había caído. El que se fortalece en el Señor y en el poder de su fuerza, es aquel que estaba débil. El que dice, “ahora veo”, es porque antes era ciego. El que reconoce que la sangre de Jesucristo lo ha limpiado, es aquel que sabe que el pecado lo había manchado.
Es así como transcurre nuestra vida aqui en esta tierra, entre los dos polos, batallas y victorias, de esperanza que no avergüenza y de peticiones respondidas, de fe y de promesas de Dios cumplidas, de paciencia en esperar, y de “árbol de vida”, a lo cual compara la Biblia el deseo cumplido.

Nuestra actitud frente a cada una de estas paradójicas experiencias de la vida cristiana, tiene tanta importancia como las experiencias mismas en sí. Qué pensamos, qué decimos, qué hacemos en medio de los valles oscuros, tiene mucha influencia sobre la vida victoriosa y airosa de la fe.
Abram, mientras esperaba la promesa, no dudó por incredulidad. Job, en medio de su honda aflicción, “no atribuyó a Dios despropósito alguno”. Habacuc trazó su actitud: aunque la higuera no florezca, con todo yo me alegraré en Jehova, y me gozaré en el Dios de mi salvación.

Decídete, querido (a) hermano (a), a tener una buena actitud en los dias nublados por las pruebas, y verás que en medio de la confusión y el miedo propios de los valles tenebrosos, serás fortalecido, para al final cantar el himno de victoria. “Yo sé que mi Redentor vive”, por tanto, eso es bastante contundente para mirar que al final, nos espera luz, cumplimiento de sueños, sanidad, redención y gozo perpetuo habrá sobre nuestras cabezas. Amén.

Unido a ti por el vínculo perfecto del amor y por los lazos victoriosos de la fe,

Soy tu servidor’
Pst. Eliseo Rodríguez
Iglesia Monte de Sion, Miami.

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