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UN MENSAJE TRIPLE DESDE EL ARCA

UN MENSAJE TRIPLE DESDE EL ARCA

Sin duda alguna, el mueble más importante que había en el Tabernáculo de Moisés, era el arca del pacto. Estaba situada detrás del velo, en el lugar santísimo. Era de madera de acacia, cubierta de oro por dentro y por fuera. Tenía una tapa de oro fino que la cubría llamada elpropiciatorio y, de la misma hechura, salían dos querubines que miraban sobre el propiciatorio cuyas alas tocaban la una con la otra. Dentro del arca del pacto había cuatro elementos interesantes: Una urna de oro, y dentro de ella, una porción del maná que Dios dio a los hijos de Israel por cuarenta años. Además, la vara de Aarón que reverdeció y las dos tablas del pacto dadas en el monte Sinaí (Ver Ex 25:10-22; He 9:3-5).
 
Se han predicado grandes sermones acerca de las bendiciones que representaban las cosas que estaban dentro de aquella arca. Hemos presentado la bendición del maná, el cual representaba a Cristo como el verdadero pan del cielo (Jn 6:31-33). ¡Qué importante la autoridad conferida a la tribu de Leví y, especialmente a la casa de Aarón, para ser los sacerdotes de aquel tabernáculo terrenal! Ello también representa a Cristo como ministro del Santuario, nuestro Sumo Sacerdote celestial (He 6:19,20). Además, ¡qué valor tendrían aquellas dos tablas de piedra con las palabras de la Ley esculpidas en ellas! Estas representaban un precioso contraste con las palabras de Dios escritas ahora en nuestros corazones (He 8:10).
 
Pero, cada uno de aquellos tres elementos dentro del arca, podrían recordar el pecado de los hijos de Israel. Por ejemplo, el maná fue dado cuando el pueblo murmuró contra Dios y contra Moisés, añorando las ollas de carne de Egipto y comer del pan egipcio hasta saciarse. En ese ambiente de pecado, Dios prometió al pueblo pan hasta que se saciaran, y a partir de ahí comenzó a caer el manápor cuarenta años (Ver Ex 16). También la vara de Aarón reverdeció en un contexto de pecado, cuando Coré, Datán, Abiram y On tomaron gente y se rebelaron contra Moisés y Aarón diciéndoles, basta ya de vosotros. Como juicio divino a aquella rebeldía, la tierra abrió su boca y se tragó vivos a los culpables. El pueblo siguió en su obstinación, y se encendió fuego de Dios que consumió uno de los extremos del campamento. En medio de esa anarquía, Moisés habló a los hijos de Israel, y todos los príncipes de ellos le dieron varas; cada príncipe por las casas de sus padres una vara, en total doce… y la vara de Aarón estaba entre las varas de ellos. Y Moisés puso las varas delante de Jehová en el tabernáculo del testimonio. Al día siguiente Dios había hecho reverdecer milagrosamente la vara de Aarón, de la tribu de Leví, como muestra que él había elegido esa tribu para acercarse a él en el tabernáculo de reunión (Ver Nm 16 y 17). Y finalmente, las tablas del pacto fueron dadas en medio del pecado de idolatría cometido por los israelitas cuando, en ausencia de Moisés, hicieron un becerro de oro y lo adoraron como el dios que los habría sacado de Egipto. Las tablas originales fueron quebradas por el airado Moisés y Dios mandó a labrar otras dos tablas como las primeras y escribir sobre ellas las palabras de la Ley dadas en el Sinaí (Ex 32 y 34).
 
Así que, dentro del arca del pacto había tres elementos que recordaban pecados horribles, el de murmuración, el de rebeldía contra la autoridad ministerial y el de idolatría. Pero Dios, en su infinita sabiduría y gracia, mandó a cubrir con el propiciatorio aquellos tres elementos que recordaban los pecados de su pueblo. El mensaje que trasmite el arca del pacto al respecto no puede ser mejorado en mostrarnos el valor de la expiación que Cristo obró en la cruz a nuestro favor. Si Dios miraba directamente hacia el maná guardado, hacia la vara de Aarón reverdecida y hacia las tablas de la Ley, su ira podría encenderse contra su pueblo nuevamente, porque su naturaleza absolutamente santa le haría reaccionar contra el pecado en forma natural. Pero él mismo había diseñado una tapa de oro fino que significaba la pureza de la justicia divina, y la llamó propiciatorio. Eso habla de propiciación, de misericordia. Cuando la mirada omnisciente de Dios, representada en los querubines, observaba el arca, no vería más la iniquidad del pueblo representada en su interior, sino vería la cobertura fina y preciosa que cubría ante sus ojos la transgresión del pueblo. El mensaje del Calvario es que Dios se hizo propicio a la debilidad humana. En lugar de arrojar su ira sobre los murmuradores, rebeldes e idólatras, puso la culpa de ellos sobre su santo Hijo y lo trató como Cordero sustituto, llevando sobre sí el castigo que nos correspondía. Esto es amor de caracteres indescriptibles: Que, siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros (Ro 5:8). Luego, el Padre lo resucitó de entre los muertos y lo exaltó a su diestra como Sumo Sacerdote para siempre a nuestro favor. Ese acto de la justicia divina es tan absolutamente puro que constituye la única fuente de gracia para el pecador arrepentido.
 
Así que desde el arca del pacto nos llegan tres mensajes fundamentales:
 
1.     El primero, que nosotros somos naturalmente deudores a Dios. Nuestros pecados son tan graves delante de su santidad que, si él mirase a nuestros pecados, nadie podría mantenerse en pie delante de su presencia (Sal 130:3).
2.     El segundo mensaje es el de la gracia inexplicable de Dios, quien tomó la iniciativa de hacernos salvos, no por nuestras propias obras, sino por el sacrificio de su Hijo, quien es la propiciación por nuestros pecados, y no solamente por los nuestros, sino por los del mundo entero (1 Jn 2:2).
3.     El tercer mensaje es que como predicadores del Evangelio debemos mostrar el mismo equilibrio que nos es revelado en el arca del pacto. Debemos entender que el pecado no es el tema más grande de la Biblia. Cristo, y lo que hizo en la cruz a nuestro favor es el tema central de las sagradas Escrituras. Pero, tampoco debemos hablar solamente de la maravillosa gracia, a tal manera que vayamos a exagerarla y convertirla en libertinaje como advierte Judas 1:4.
 
Estas dos tendencias extremas se observan en nuestro universo cristiano. Por doquier oímos predicadores enviando a todos para el infierno con el énfasis únicamente en el pecado y en la necesidad que tenemos de ser mejores. Pero también escuchamos con dolor a los que ya no hablan contra el pecado, sino que predican de una gracia creciente donde no hace falta el temor de Dios ni velar en oración contra la tentación. Amados, al estudiar el arca del pacto aprendemos que sí debemos hablar sobre las consecuencias inevitables del pecado consumado, y hoy como nunca debemos recordar a todos que el pecado es el aguijón de la muerte (1 Co 15:56). Pero debemos, a la vez, exaltar el poder de la gracia de Dios en Cristo la cual está disponible para todos los que se arrepienten de sus pecados, pues cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia (Ro 5:20). Así como la gloria y la Palabra de Dios se manifestaban sobre el propiciatorio (Ex 25:22), Dios ha de mostrar su gloria en todo lugar donde se hable del peligro del pecado y a la vez se exalte el poder preeminente de la gracia de Jesucristo.
 
¡Que así sea, a favor de las almas!
 
Vuestro servidor,
 
Pst. Eliseo Rodriguez
Iglesia Monte de Sion
Christian Zion University, Inc.
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