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UNA MUESTRA NECESARIA  DEL AMOR A JESÚS

UNA MUESTRA NECESARIA DEL AMOR A JESÚS

María, de Betania, cuyo nombre se menciona solamente tres veces en el Nuevo Testamento, la hermana de Marta y de Lázaro, protagonizó un suceso extraordinario en la vida de Jesús, como la expresión de alguien que se considerara deudor al Señor.

Uno de los rasgos espirituales sobresalientes en ella, era que en las tres veces que se le menciona, está a los pies de Jesús. Se sentó a sus pies para oír su Palabra (Lc. 10:38-42), también, se postra a los pies del Señor después de la muerte de Lázaro (Jn. 11:28 -32), y ahora, en Juan 12:1-8, la encontramos otra vez a los pies del Maestro, para un propósito muy especial.

El corazón de esta mujer se encontraba desbordado de  amor hacia su Señor. Debido a que el amor no se expresa solo con palabras, sino con hechos, y en verdad (Ver 1 Jn. 3:18), ella lo expresó con unos de los gestos de adoración más loables. Para su encuentro de devoción amorosa al Señor, ella tenía un frasco de alabastro, dentro del cual había un perfume de gran calidad (Ver Mt. 26:6-7). El recipiente, era una especie de yeso blanco, de grano muy fino, que a veces se le teñía pálidamente de color. Estos frascos generalmente tenían un cuello largo y estrecho, por el cual María podía haberlo destapado, o romper esa parte delgada, y derramarlo gota a gota sobre Jesús. Sin embargo, en amoroso gesto de generosidad, rompe totalmente el frasco, y derrama el delicado compuesto, de modo que cayera como un chorro sobre el cuerpo de su Maestro.  Luego, ungió los pies del Maestro con el perfume, y los enjugó con sus cabellos, lo cual era un sinónimo de honor, por lo que se enseña en 1 Co. 11:15.

Marcos y Juan describen lo caro del perfume, con el adjetivo pistikós. El resumen del significado de esta palabra sería genuino, líquido. Era una marca registrada de perfume, que se extraía del fruto seco del nardo o del propio árbol. También se podía extraer de las hojas secas del bulbo de la misma planta, que era originaria del Himalaya. El cuarto Evangelio, Juan, nos añade la cantidad que María usó para Jesús: una libra (romana), lo equivalente a trescientos setenta y cinco gramos. Mateo usa el término griego barutimou, que significa de valor pesado. Según el cálculo de Judas Iscariote, el perfume se podía valorar en trescientos denarios. Ello equivaldría al salario de todo un año. Era una cantidad suficientemente grande como para dar de comer a trescientas familias en un solo día.

No hay ninguna evidencia en los Evangelios de que María perteneciera a una familia pudiente, y mucho menos, rica. Pero Cristo tenía tanto valor para ella, que no reservó nada de aquel preciado líquido para sí misma. Se sentía satisfecha de estar ungiendo a un digno Rey. Como consecuencia de su cara devoción, “la casa se llenó del olor del perfume”. Como Cristo dijo que la acción adoradora de María se recordaría en todo lugar donde se predicara Su Evangelio (Ver Mt. 26:13), pudiéramos decir que toda la casa de Dios, la Iglesia, también se ha llenado del bendito recuerdo de aquella devota acción de tal adoradora.

Además, como ningún código moral de la época permitía que una mujer enjugara con sus cabellos los pies de algún dignatario, el hacerlo a Jesús, le podía haber granjeado una buena dosis de desprecio y de censura del populacho. Pero ella tenía todo en segundo lugar, cuando se trataba de poner a Cristo en el centro de su vida y de sus acciones.  Cristo llenaba todo el espacio en la expectativa de María.  Lo que no sabía María mientras ungía en forma tan cara a Jesús, era que su acción era profética. Jesús dijo: “… para el día de mi sepultura ha guardado esto” (Jn. 12:7). Las profecías revelaban que al ser sepultado, después de pagar el precio caro por nuestros pecados, el cuerpo del Señor no vería corrupción (Ver Sal. 16:10), insinuando a la vez, el milagro de su resurrección corporal.

Queridos en Cristo. ¿Amamos al Señor? ¿Cómo le amamos? ¿Cuánto le amamos? El amor hacia él no es solo palabras. Después de su resurrección, Jesús mandó a Pedro a trabajar en su Obra, a apacentar sus ovejas, como evidencia de su dicho amor hacia el Maestro. Cuando se entiende bien el Evangelio, aunque se sea muy pobre, no se cuestiona el deber de dar, el deber de honrar a Dios con nuestros bienes, conforme a Proverbios 3:9. Cuando se tiene revelación del sacrificio cruento que costó a Jesús el salvarnos, con santa gratitud, le ofrecemos en adoración no solo nuestro amor en Palabras, sino de hecho y en verdad, y esto, no con mezquino corazón (Ver Dt. 15:10), sino con riquezas de generosidad (2 Co. 8:1-2). Demos nuestra vida, nuestro tiempo, y pongamos todas nuestras fuerzas, en beneficio de nuestro Señor y de su Benita Obra.

¡Que Cristo se constituya en el Centro de toda nuestra mayor expectativa! ¡Que la obra de Cristo tenga siempre muchos de aquellos que cual María, dan testimonio real de amor, que no es solo palabras, sino hechos y verdad!

Mirando por fe al que nos amó tanto, que murió para salvarnos,

Soy vuestro en el amado,

Pst. Eliseo Rodríguez

Iglesia E. Monte de Sion.

¡ESPERAMOS CON ALEGRÍA EL REUNIRNOS ESTE FIN DE SEMANA PARA EXPRESAR CON HECHOS NUESTRO AMOR A JESÚS!

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