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UNA PARADOJA RESPECTO A LA RESISTENCIA

UNA PARADOJA RESPECTO A LA RESISTENCIA

Muchas veces, debemos bajar la guardia y no resistir; pero en otra dimensión, el deber de resistir es irreversible. Veamos de qué se trata:

La Sagrada Escritura traza con claridad la doctrina sobre el trato para con nuestros semejantes. El fundamento sobre cómo debemos tratarlos, es el amor. Cristo dijo que debemos perdonar al hermano, hasta setenta veces siete (Mt. 18:21-22). Aun cuando se trate de gente adversa, él dice: “Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen y orad por los que os ultrajan y os persiguen” (Mt. 5:44). El clímax de esta verdad está aquí: “No resistáis al que es malo” (Mt. 5:39). Es un llamado a inhibir la voluntad que intenta hacer justicia por manos propias. Ahora, hay algunos principios que rigen ese trato noble para con los malos:

El primero: Hay una malignidad espiritual demoníaca que está detrás de ese malo, incitándolo a comportarse de tan mal manera. Por tanto, atacar a la persona mala en sí, es errar el blanco en el combate.

Segundo, si resistimos al malo, le estamos haciendo el juego a Satanás en su intento de mantenernos entretenidos peleando con nuestros semejantes, y perdiendo el verdadero propósito de Dios para con nosotros. Que es hacer el bien, predicar el Evangelio, discipular un alma, interceder por la salvación de los perdidos, etc.

Tercero, al enfrentar en nuestra carne al malo, nos estamos rebajando a su misma condición. Nunca echan a pelear a dos boxeadores de muy diferentes pesos corporales. La unción del Santo que permanece sobre nosotros no nos permite herir con el puño inicuamente al malo (Ver Isa. 58:4; 1 Jn. 2:20). Nosotros vivimos en otro nivel: estamos espiritualmente, sentados en lugares celestiales con Cristo Jesús (Ef. 2:6).

Cuarto, al resistir personalmente al malo, nos dejamos de parecer a Cristo, quien “cuando le maldecían, no respondía con maldición… sino encomendaba la causa al que juzga rectamente” (1 P. 2:23). Aun pendiendo de la cruz, pidió al Padre perdón para los que le crucificaban (Lc. 23:34).

Quinto, si nos vengamos del malo, estamos robando a Dios un derecho que es solo Suyo. Él ha dicho: “Mía es la venganza, yo pagaré… ” (Ro. 12:19). Por eso, el mismo versículo dice: “No os venguéis vosotros mismos, son dejad lugar a la ira de Dios”.
Por tanto, volteemos la vista en esta paradoja, al otro nivel de la lucha contra el mal, donde sí se nos orienta resistir.

Cuando recibimos a Cristo, hay unos ataques contra nosotros, llamados, “las asechanzas del diablo” (Ef. 6:11). Es de parte del Príncipe de este mundo, el mismo que tentó a Cristo, enfrentando Su identidad divina (Mt. 4:3-11). Es este Adversario quien usaba a Elimas el mago, para apartar de la fe al procónsul Sergio Paulo (Hch. 13:6-8). Es el mismo que usaba a una muchacha con espíritu de adivinación contra Pablo y Silas en Filipos (Hch. 16:16-17). Es aquel que batallaba contra la puerta de la predicación, usando a quienes Pablo se refería al decir: “… muchos son los adversarios” (1 Co. 16:9).

Cuando de este tipo de luchas se trata, la recomendación es, “Resistid al diablo, y huirá de vosotros” (Stg. 4:7). Ahora, seamos cautelosos al ejercer el derecho en esta batalla.

En primer lugar, “no faltemos el respecto a Satanás” lanzando insultos ignorantes. Satanás es una autoridad angelical del mal. Cuando el arcángel Miguel contendía con el diablo, por el cuerpo de Moisés, no se atrevió a proferir juicio de maldición contra él, sino que le dijo, “el Señor te reprenda” (Jud. 9).

En segundo lugar, el versículo que dice “resistid al diablo”, primero dice: “Someteos… a Dios”. Siete hijos de Esceva ignoraron este principio, e intentaron resistir a un demonio que habitaba en cierto hombre. La respuesta agresiva del demonio contra ellos, deja claro cuán peligroso es enfrentar al diablo sin estar a cuentas con Dios (Véalo en Hch. 19:13-16).

En tercer lugar, use las armas espirituales correctas. Son armas de justicia a diestra y a siniestra (2 Co. 6:7). Son poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas. Tienen poder para refutar argumentos, toda altivez y llevar cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo (2 Co. 10:4-5). Mire la lista que nos ofrece Efesios 6:10-18 sobre estas armas, probadas para la victoria.

En cuarto lugar, recuerde que el mandamiento es ¡resistir! Algunas batallas requieren seguir peleando en oración, como Daniel por 21 días (Dn. 10:12-13), o por más tiempo. No se dé por vencido hasta que el Enemigo haya retrocedido. El Espíritu Santo nos va a mostrar siempre dónde está el punto de la victoria ganada.

En quinto lugar, una vez ganada una batalla, reúna nuevamente el arsenal para la próxima. Pablo habla en plural de las maquinaciones del enemigo (2 Co. 2:11). Dalila fue un instrumento del diablo contra Sansón, y parte de su éxito en derrotarlo, fue su perseverancia en continuar los ataques (Ver Jue. 16:15-21). Cuando el Diablo terminó contra Cristo toda tentación, “se apartó de él por un tiempo” (Lc. 4:13).

Amados, cuando seamos enfrentados por hombres malos, recordemos: “Jehová peleará por vosotros y vosotros estaréis tranquilos” (Ex. 14:14). “Encomienda a Jehová tu camino, y espera en él y él hará. Exhibirá tu justicia como la luz, y tu derecho como el mediodía” (Sal. 37:5-6). Pero seamos firmes, astutos y resistentes, contra ese feroz Enemigo espiritual que puede usar personas, y que anda como león rugiente, buscando a quien devorar (Ver 1 P. 5:8).

Estoy seguro, que si así hacemos, Dios nos dará la victoria completa. “Entonces dirán entre las naciones: Grandes cosas ha hecho Jehová con estos. Grandes cosas ha hecho Jehová con nosotros, estaremos alegres” (Sal. 126:2-3).

Tu servidor, que cree en el triunfo,

Pastor, Eliseo Rodríguez
Iglesia E. Monte de Sion.

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