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UNA RELIGION QUE SE LLAMA “CRISTIANISMO”

UNA RELIGION QUE SE LLAMA “CRISTIANISMO”

“… Cristo amó a la iglesia y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiendo purificado en el lavamiento del agua por la Palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni nada semejante, sino que fuese santa y sin mancha” (Ef. 5:27). Aquí está el precio pagado por Cristo a favor de su verdadera iglesia, y su trato trascendente para con ella, desde la eternidad y hasta la eternidad.

Estamos en el umbral de la recompensa, Es muy evidente cuánto la venida del Señor se acerca. Los acontecimientos profetizados en la Biblia para ese suceso, ocurren con una aceleración asombrosa. Es necesario entonces mirar, por qué tipo de Iglesia viene nuestro Señor. Viene por una iglesia santificada, purificada por la Palabra, digna de ser presentada delante de él, que sea gloriosa, que carezca de manchas, de arruga y de todo lo que a ello se asemeje, que sea santa.

Necesitamos despojarnos de una religión que se mal llama cristianismo. Allí no hay primer amor (Ap. 2:4). Los creyentes no viven como pámpanos tomando diariamente de la vida de Jesús, quien es la vid verdadera (Jn. 15:1-2), no hay vida devocional diaria. En esa religión que se intenta llamar cristianismo, no se comparte a Cristo con los demás; no hay visión por cuánto vale un alma para Dios. Esa religión la componen quienes no viven en santidad. Lo que ocupa su mayor tiempo y atención es aquello a lo que la Palabra llama, “Vanidad de Vanidades, todo es vanidad” (Ec. 1:2), entonces, casi no hay tiempo para Dios, para su reino y para trabajar en su viña.

Exhorto con amor, a quien pretenda, viviendo de esa manera irse con el Señor, a volverse al buen Camino, que en verdad se llama Cristianismo. En él, la iglesia llega a ser gloriosa, orando cada día en forma más perseverante (Col. 4:2). “no dejando de congregarnos como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más cuanto veis que aquel día se acerca” (He. 10:25). El verdadero cristianismo no es religión en sí mismo; es vivencia diaria con nuestro Salvador. Por eso, los cristianos verdaderos, adoran al Padre, en espíritu y verdad (Jn. 4:24), y siguen “… la santidad, sin la cual nadie verá al Señor” (He. 12:14). Los auténticos cristianos, hablan de Cristo con sus semejantes, como los primeros discípulos, “… no cesaban de enseñar y predicar a Jesucristo” (Hch. 5:42).

Cristo viene por quienes vivan ese verdadero cristianismo: “Conoce el Señor a los que son suyos” (2 Ti. 2:19). Ha llegado una hora de definición clara respecto a la candidez de nuestra fe. En el Nombre de Jesús, no perteneceremos jamás a esa multitud que se queda cuando el arrebatamiento ocurra, de la cual muchos serán decapitados en la Gran Tribulación (Ver Ap. 6:9-11; 20:4). ¡Que nuestro amor por el Señor nunca se enfríe! ¡Sigamos “asidos de la Palabra de vida” para que en el Día de Cristo, podamos decir que no hemos corrido ni trabajado en vano” (Ver Flp. 2:16). Estas son las palabras de Cristo que anhelamos oír pronto en gloria los que pertenecemos a un cristianismo ferviente: “Bien, buen siervo y fiel; sobre poco fuiste fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu Señor” (Mt. 25:21).
Allí estaremos si no pertenecemos nunca a dicha falsa religión que se intenta llamar cristianismo.

Con esperanza de vernos juntos en la Nueva Jerusalén,

Pst. Eliseo Rodríguez
Iglesia E. Monte de Sion.

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