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¿ Y QUÉ SI LA FE NO AYUDA A MI FAVOR ?

¿ Y QUÉ SI LA FE NO AYUDA A MI FAVOR ?

Hay un aspecto de la fe que no necesariamente nos sirve para alcanzar triunfos visibles en este mundo.  Y es ese, precisamente, el que mide si el propósito final de nuestra carrera está realmente definido en nuestra visión. La primera parte de la Galería de la fe de Hebreos 11, presenta algunos testimonios que nos entusiasman en el caminar con Dios. Allí se describe a la fe, como un medio para obtener diversas bendiciones. Se repite una y otra vez  la expresión, “por la fe”, seguida de logros alcanzados por su medio. ¡Qué grato sería ver la fe siempre desde ese lente! Se ha enseñado un tipo de evangelio donde Dios es presentado como el obligado Beneficiador de nuestra vida, y la fe, como la manera triunfal de alcanzar tales favores.
 
Pero, hoy quiero presentarte una reflexión sobre las inspiradas palabras que aparecen en Hebreos 11:36-38:
 
Otros experimentaron vituperios y azotes, y a más de esto prisiones y cárceles.37 Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada; anduvieron de acá para allá, cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados; 38 de los cuales el mundo no era digno; errando por los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra.
Aquí no se está diferenciando en cuanto tamaño de fe, a los primeros, de estos otros. Estos últimos no eran unos “desgraciados”, que acaso, por su falta de fe, solo hayan recibido tantos males. Estos también tenían fe como los primeros, pero por ella, solo alcanzaron, de momento, buen testimonio, y no beneficios de otra categoría (v. 39). Pero su testimonio nos muestra que la fe no se debe tener solamente para canjearla por milagros, sino como la forma de llegar a la meta final trazada por Dios para sus hijos.
¿Qué hago, por tanto, si mi fe en Dios, no me concede, a veces, favores personales, o si no me exime del sufrimiento, ni me exonera siempre de ser vituperado? ¿Qué postura tomaría si no fuera salvado de algún peligro, aun con una fe incólume en el que es la Roca de nuestra Salvación? Los tres jóvenes hebreos le dijeron a Nabucodonosor en el marco de la estatua de oro y ante la sentencia de que si se negaban a adorarla, serían echados en el horno de fuego ardiendo: “Nuestro Dios a quien servimos, puede librarnos del horno de fuego ardiendo, y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no ( o sea, si no nos libra), sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses ni adoraremos la estatua que has levantado” (Ver Dn. 3). Es como si dijeran: “si supiéramos que Dios no nos va a librar del martirio, todavía mantendremos hasta el fin, la convicción de que solo nuestro Dios es digno de nuestra mejor confianza”. Esta es la fe que permanece ferviente, aun cuando no se obtienen bienes temporales por tenerla.
Mire la postura que tomó Ester, cuando mandó a los judíos que habitaban en Susa, que ayunaran por ella tres días, junto a ella y sus doncellas. Era que una amenaza de muerte se había cernido sobre todos los judíos allí en Persia. La espada mortal, tenía la firma del mismo rey. Era ley que no podía ser revocada. Ahora, cuando Ester pide el recurso espiritual de sus hermanos, creyendo que Dios así podía hacer un milagro, dejó brillar también una piedra preciosa de fe en el encalado de su corazón. Ella dijo: “Y después entraré a ver al rey… y si perezco, que perezca”. Para Ester, la parte más pura de su fe, no era el poder sobrevivir físicamente por creer, sino seguir creyendo que el privilegio de ser pueblo de Dios, ya era suficiente motivación, como para arriesgar su vida en el intento por salvarlo (Ver Est. 4).
Por último, estas palabras de Pablo a Timoteo son una buena piedra de diamante para un “anillo” en la mano de quien quiera ser amigo de Dios: “Esto te escribo, aunque tengo la esperanza de ir pronto a verte, para que si tardo, sepas cómo debes conducirte en la casa de Dios, que es la Iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad” (1 Ti. 3:14-15). Observe: “Tengo la esperanza (que es producto directo de la fe), de ir pronto a verte”. Pero deja entrever: “puede también ser posible que no obtenga exactamente el resultado deseado, y que en realidad,tarde en ir”. Si la fe sobrevive aun cuando las expectativas no son del todo saciadas, eso es una clase de fe mucho más preciosa que el oro (Ver 1 P. 1:7).
Mis amados, ¿podríamos mantener en alto el estandarte de nuestra fe aun cuando no podamos sacar de ella un “gran partido”? ¿Seríamos capaces de seguir diciendo, “creo”, aun cuando nuestras peticiones no se vean respondidas en la forma que hemos deseado? ¿Podríamos decir con Job, “aunque él me matare en él esperaré? (Ver Job 13:15). Si a cada una de estas interrogantes podríamos responder SI, seríamos poseedores de esa preciosa fe que se tiene sobre todo para utilizarla a favor de la gloria de Dios.
¡Que nunca tengamos una fe que condicione a Dios, sino una, que lo pone a él como el centro mismo de la meta en nuestro camino al Cielo! Porque lo más importante de creer no es cuánto provecho saco de ello, sino poder decir en la puerta del cielo, “… he acabado la carrera, he guardado la fe” (2 Ti. 4:7).
 
Amablemente en Cristo,
Vuestro servidor,
Pst Eliseo Rodríguez.
Iglesia E. Monte de Sion
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